Enfermedades cebada

 

¿DEBEMOS CONTROLAR LAS ENFERMEDADES DE LOS CEREALES DE INVIERNO?

El trigo y la cebada se cultivan en nuestro país mayoritariamente en secano, con unas producciones medias unitarias bajas, de 2000 a 2500 kg/ha <1) . En estas condiciones se hace difícil asumir el coste de una medida de control que pueda aplicar el agricultor aunque tengamos la herramienta adecuada. Ante esta realidad se produce muchas veces una situación paradójica: tenemos un problema que podemos controlar, queremos controlarlo, pero puede que no nos resulte rentable, ¿cuál es pues la decisión?, ¿sobre qué base técnica debemos decidir en estos casos?

En este artículo pretendemos aportar, cuando menos, algunos criterios para dar respuesta a las preguntas anteriores, con la intención de que, en cualquier circunstancia, esta decisión sea lo más acertada posible para el técnico asesor y el agricultor cerealista.

LA GESTIÓN DEL CONTROL DE LAS ENFERMEDADES

Las enfermedades de los cultivos tienen unas características específicas que las hacen diferentes de las plagas y de las malas hierbas. Los síntomas que podemos observar en campo pueden estar provocados por hongos, bacterias, virus u otros parásitos, normalmente de tipo microscópico o casi, hecho que dificulta afinar en el diagnóstico antes de proceder a cualquier actuación en el cultivo.

Para controlar, proponemos una perspectiva económica del control de las enfermedades, debido a que las producciones medias de nuestro país y el precio del cereal nos sugieren esta consideración. Así pues, antes de aplicar un tratamiento o adoptar una medida de control, se debe hacer una valoración técnica y económica. Por lo tanto, será fundamental conocer los problemas más característicos de nuestras zonas productoras, es decir, qué importancia tienen normalmente sobre el cultivo y qué pérdidas conllevan.

En un control o gestión integrada de enfermedades, siempre priorizaremos cualquier alternativa al control químico si fuera posible el control efectivo de la enfermedad

¿CUÁLES SON LAS ENFERMEDADES MÁS IMPORTANTES?

Los problemas debidos a enfermedades en nuestros trigos y cebadas no son muy diferentes de los que aparecen en otras áreas de cultivo del mundo. De hecho, y salvo algunos matices, nuestras enfermedades  serán prácticamente las mismas aunque aparecen con intensidades diferentes, a menudo más bajas,  debido a las condiciones edafoclimáticas. La salvedad más importante quizás son los rendimientos medios, mucho más bajos que las de muchos países europeos de nuestro entorno y que la media europea. La medida de la importancia de cada enfermedad no es un dato subjetivo, en su momento se han cuantificado las pérdidas asociadas en función del alcance de la enfermedad en una zona y su intensidad en los campos de cultivo durante un tiempo.

Por sus características diferentes, clasificamos las enfermedades del cereal en dos grupos: enfermedades de la parte aérea (hojas y tallos) y enfermedades del cuello y del pie (raíces) de la planta.

Enfermedades en cebada:

Según los estudios más precisos realizados en España, las enfermedades aéreas en cebada, de mayor a menor importancia son: oídio (Blumeria grarninis f. sp. Hordei [anamorfo: Oidium monilioides]), helrnintosporiosis (básicamente provocadas por Pyrenophora teres [anamorfo: Drechslera teres]. si bien también puede haber Cochliobolus sativus [anamorfo: Bipolaris soroldniana]), royas (principalmente roya de la hoja: Puccinia hordei) y rincosporiosis (Rhynchosporium secalis). Todas ellas siempre acaban  preocupando al agricultor y éste necesitará saber si se han de controlar o no.  Las enfermedades principales del cuello y pie en cebada son: fusariosis (Fusarium grarninearum, F culmorum, F oxysporum, F equiseti, F climerum, F avenaceum y F fusarioides), helmintosporiosis del pie (Cochliobolus sati vus) y rizoctoniosis (Ceratorhiza cereales [anamorfo: Rhizoctonia cerealis]).

Otras enfermedades de la cebada también presentes, pero de menor importancia o de distribución más irregular y puntual, son las virosis provocadas por el Barley Yellow Dwarf Virus (BYDV), y la presencia de nematodos de los géneros Heterodera, Meloidogyne y Pratylenchus. Estas enfermedades también se encuentran presentes en el cultivo de trigo.

Enfermedades en trigo:

Las enfermedades aéreas en trigo son: oídio (Blumeria grarninis f. sp. tritici [anamorfo: Oidium  onilioides]), septoriosis (Mycosphaerella graminicola [anamorfo: Septoria tritici]. Phaeosphaeria nodorum [anamorfo:  tagonospora nodorum ]) y las royas (roya de la hoja: Puccinia recondita f. sp. triti ci; roya amarilla: P triiformis; roya negra: P graminis). Ocasionalmente se han encontrado epidemias de helmintosporiosis del trigo (Pyrenophora tritici-repentis [anamorfo: Drechslera tritici-repentis]) en algunas zonas húmedas de Cataluña.

Las enfermedades del cuello y pie en trigo son muy parecidas a las de la cebada: fusariosis (Fusarium, graminearum, F culmorum, F xysporum, F equiseti, F dimerum, F avenaceum y Monographella nivalis, anteriormente denominado Fusarium ni vale) , rizoctoniosis (Ceratorhiza cerealis) y helmintosporiosis del pie (Cochliobolus sativus) y, con menor frecuencia, el llamado pie negro, causado por Gaeumannomyces graminis.

Por otra parte, existen en estos cereales algunas enfermedades menores pero severas en algunas ocasiones y en zonas concretas de nuestra geografía, como la mancha oval del tallo del trigo, provocada por Oculimacula yallundae, propia de los secanos húmedos de la zona de Navarra. Otras de estas enfermedades que no deberían ser un problema en nuestras parcelas, si bien aparecen como problemas puntuales graves en algunas ocasiones en que se escapan los sistemas de certificación y control, son en la cebada los carbones (Ustilago hordei, U. nigra, Ustilago nuda) y las caries o tizones (Tille tiacaries, T laevis) y de forma análoga en el trigo también los carbones (U. tritici, U. nigra, U. nuda) y las caries (T tritici, T  contraversa, T laevis) . Asimismo, recientemente están aumentado los problemas de helmintosporiosis rayada de la cebada (Pyrenophora graminea [anamorfo: Drechslera graminea]), aunque se puede controlar de momento a partir de los campos de multiplicación de semilla, ya que esta es una enfermedad que se transmite por esta vía.

El tipo de laboreo no influye normalmente sobre las  enfermedades del pie, pero sí puede influir en la de enfermedades aéreas

Trigo-cebada

PÉRDIDAS PROVOCADAS POR LAS ENFERMEDADES

Es frecuente que algunas de las enfermedades anteriores afecten el cultivo al mismo tiempo. Así, lo detectemos o no, su presencia provoca pérdidas en la producción final. Para hacernos una idea, en la cebada, las pérdidas medias que puede provocar solamente el oídio en un año húmedo pueden ser de más de 40-50 euros/ha, lo cual justificaría un tratamiento fitosanitario con un producto específico.

En un año de condiciones normales, esta cifra bajaría a unos 20-25 euros/ha y en un año seco no se podría justificar nunca un tratamiento específico porque no compensa (unos 10-15 euros/ha), si bien podrían haber excepciones según las condiciones particulares de la parcela. Ya lo aclaramos más adelante, pero hay que tener en cuenta que cuando hablamos del coste del tratamiento no nos referimos solamente al coste del producto, sino también al coste de la aplicación debido a los jornales, combustible, uso y  amortización de la maquinaria y otros que se generan. Ponemos otro ejemplo, la septoriosis del trigo. Esta enfermedad tiene muy condicionada la posibilidad de infección por la presencia de lluvias. Las pérdidas medias asociadas pueden estar entre 125-135 euros/ha en un año húmedo y unos 10 euros/ha en un año seco. Podemos comprobar en este caso que la diferencia entre unas condiciones y otras todavía son mayores, lo cual nos orienta muy claramente sobre la conveniencia o no de hacer un tratamiento.

Estos cálculos se pueden hacer, con los datos adecuados, para todas las enfermedades de los cereales  de una zona o en una parcela, e ir analizando la ventaja o no de un tratamiento fitosanitario. Como ejemplo de visión de conjunto, para la zona de producción de Cataluña, y para la mayor parte de las enfermedades, las pérdidas asociadas en un año de condiciones normales, que son los más frecuentes, son de 25-30 euros/ha en cebadas y de 30-35 euros/ha en trigos, hechos que justifican un tratamiento fitosanitario de coste medio o bajo. Para años de condiciones secas, los cuales se presentan con relativa frecuencia no se justificaría económicamente la necesidad de hacer un tratamiento. Sin embargo, en años húmedos de altas producciones potenciales, sería más que justificada una intervención fitosanitaria, ya que evitaría la mayor parte de las pérdidas y nos aproximaríamos a la producción potencial del cultivo en la zona si otros factores no fueran adversos

¿CUÁLES SON LAS ESTRATEGIAS DE CONTROL MÁS IMPORTANTES A CONSIDERAR?

Como criterio general, las estrategias para realizar un control efectivo de las enfermedades de los cereales se pueden agrupar en tres grandes bloques que desarrollamos mediante algunos ejemplos.

Medidas culturales

Bajo este concepto tenemos en cuenta las labores en el terreno, la fecha de siembra, la densidad de plantas, la fertilización, el riego y las rotaciones de cultivos. El retrasar la fecha de siembra puede suponer para variedades de cebada de ciclo más corto el tener más problemas de oídio y menos de helmintosporiosis y especialmente de rincosporiosis. El tipo de laboreo, siembra directa, mínimo laboreo o laboreo tradicional no influye normalmente sobre las enfermedades del pie, pero sí puede influir en la de enfermedades aéreas. En este sentido, la siembra directa no destruye los restos de cosecha y por tanto el inóculo de enfermedades tipo rincosporiosis, septoriosis o helmintosporiosis si se hallaran presentes en la parcela. El riego por aspersión puede favorecer algunas enfermedades que se dispersan con la ayuda de la lluvia, como las septoriosis del trigo. Hará falta también evitar encharcamientos que favorecen algunas enfermedades del pie, como es el caso del pie negro del trigo (Gaeumannomyces graminis).

Un exceso de nitrógeno puedeprovocar un retraso en la fecha de recolección un crecimiento excesivo de las plantas y la disposición a enfermedades, especialmente el oídio. Las rotaciones son importantes para controlar o prevenir enfermedades, sobre todo para el mal del pie. Su práctica evita la multiplicación del inóculo. Suele ser suficiente cambiar de cereal (cebada, trigo, centeno, avena, triticale) a leguminosas (guisante, haba, esparceta) o bien crucíferas (colza). Las rotaciones, el trabajo del terreno o el barbecho ayudan también a controlar la presencia de nematodos fitoparásitos en el suelo.

 

En la cebada, y para una variedad susceptible, las pérdidas medias que puede provocar solamente el oídio en un año húmedo pueden ser de más de 40-50 €/ha, lo cual justificaría un tratamiento fitosanitario con un producto específico

 

Material vegetal

Su uso viene condicionado por el estado fitosanitario de la semilla, las características agronómicas de las variedades y su comportamiento ante las enfermedades, lo cual definirá su mayor o menor resistencia. Pretenderemos impedir que se instale el parásito en el terreno o bien introducir especies o variedades que sean resistentes a las enfermedades que nos dan problemas. La semilla certificada suele ofrecer normalmente mejores condiciones fitosanitarias. Para escoger la variedad de nuestra parcela debemos conocer cuáles son los problemas que nos pueden aparecer habitualmente, de esta forma buscaremos aquellas variedades que sean productivas y a la vez aporten alguna resistencia a estas enfermedades. En el caso de no poder encontrar variedades resistentes, deberemos recurrir a las medidas culturales o a tratamientos fitosanitarios. Esta información las dan las empresas comercializadoras, los centros de investigación y experimentación y la administración, si disponen de los estudios adecuados.

Algunas enfermedades pueden ser introducidas en las parcelas con la semilla de siembra. Este es el caso de los carbones, las helmintosporiosis, las rincosporiosis, las fusariosis ya algunas más, aunque se debe saber si estas ya son endémicas en la zona, en el sentido de habituales. En ocasiones el problema no es grave, porque estas enfermedades pueden estar ya presentes en el terreno antes desembrar, como pueden ser las helmintospoiriosis o las fusariosis, muy extendidas por todas las zonas productoras. Pero podría ser más grave en el caso de que, sin antecedentes de la enfermedad, se pudiera introducir de nuevo con la semilla. Disponer de semilla sana o con un tratamiento dirigido al problema puede ser fundamental para no tener consecuencias negativas durante el cultivo.

Tratamientos fitosanitarios

Tanto a la semilla de siembra, una práctica hoy en día muy habitual, como las aplicaciones de productos en cultivo de forma preventiva o curativa. Debemos considerar que en la mayor parte de los casos no hará falta tratar el cereal de invierno, a excepción de las zonas más lluviosas o las de riego. Se recomienda hacer tratamientos solamente los años de condiciones más favorables al desarrollo de las enfermedades, normalmente de primaveras bastante lluviosas y en las que los rendimientos pueden ser altos. Esta decisión también se puede tomar en casos particulares, de fincas donde las condiciones (lluvias, terreno) hacen prever buenas producciones.

Para la selección de un producto fitosanitario, debemos pensar que las autorizaciones evolucionan rápidamente hoy en día y que un producto autorizado hace poco tiempo puede dejar de estarlo por razones de toxicidad u otras derivadas de la composición o del uso. Por ello es recomendable pedir la opinión de un experto o asesor que conozca el Registro Fitosanitario del MAGRAMA. Este  asesoramiento será cada vez más necesario y ya está previsto en la aplicación de la Directiva 2009/128/CE por la cual se establece el marco de actuación comunitaria para conseguir un uso sostenible de los plaguicidas y el RD 1311/2012 que transpone esta directiva al Estado Español.

Recordamos que en un control o gestión integrada de enfermedades, siempre priorizaremos  cualquier alternativa al control químico si fuera posible el control efectivo de la enfermedad.

ASPECTOS ECONÓMICOS DEL CONTROL

El enfoque del control de las enfermedades debe ser normalmente económico, es decir, las pérdidas económicas asociadas a la enfermedad o enfermedades presentes en el cultivo deben ser mayores que los costes derivados de controlarlas, en caso contrario se produce la absurda situación que el coste de controlar la enfermedad supere los costes de la misma si no se controlara. En otras palabras, sería más caro para el agricultor controlar las enfermedades que no controlarlas. En síntesis, sería la siguiente desigualdad: Coste del control < Coste de la enfermedad

Teniendo en cuenta que:

Coste del control = producto + aplicación + pérdidas por rodadas

Coste de la enfermedad = pérdidas enfermedad – pérdidas no controladas por el tratamiento

El coste del control tiene en cuenta el coste directo de la compra del producto, los costes derivados

de aplicarlo en campo (costes de maquinaria y del trabajador), junto a las pérdidas producidas por las rodadas de la maquinaria de aplicación, y que también son variables (pueden ir normalmente del 2% al 5% después del encañado del cereal).

Se recomienda hacer tratamientos fitosanitarios solo los años de condiciones más favorables al desarrollo de las enfermedades (primaveras bastante lluviosas en las que los rendimientos sean altos)

 

 

Como podemos ver, y aunque parezca curioso, en el coste de la enfermedad se tienen en cuenta las pérdidas residuales que se producirían igualmente aunque se hubiera hecho el tratamiento fitosanitario. Este sería un coste que de ninguna forma podríamos evitar, puesto que la eficacia de los tratamientos fitosanitarios raramente se produce al 100% y siempre quedará una parte de enfermedad no controlada por el tratamiento. Respecto a la efectividad del control, hay que pensar que ésta será buena si el producto está bien escogido pero también si la maquinaria está bien regulada (presión, caudal, boquillas) y se trabaja en condiciones adecuadas (ausencia de viento, velocidad adecuada, altura de la barra, etc.).

Recomendamos finalmente que en caso de duda se pida asesoramiento a expertos fitosanitarios, los cuales nos pueden ayudar a un diagnóstico preciso y a obtener la información más adecuada sobre las estrategias o productos más adecuados para cada caso.

Comments are closed.